miércoles, 29 de abril de 2009
Lo que el Doctor Estivill deberia explicar si fuera sincero
Por Armandilio, fuente:
http://www.bebesymas.com/desarrollo/lo-que-el-dr-estivill-deberia-explicar-si-fuera-sincero
Hace unos días explicamos cómo es el sueño de los niños y cuándo, más o menos, empiezan a dormir de noche. La información que pudisteis leer choca casi frontalmente con las teorías del Dr. Estivill, así que he querido emular un escrito que pienso que el Dr. Estivill debería hacer, para decir la verdad a todas las madres y padres:
Mi libro, “Duérmete niño“, ha sido traducido a varios idiomas y se han vendido en todo el mundo más de 20 millones de copias.
El libro va dirigido a los niños con problemas de insomnio, los que no se pueden dormir de manera patológica, pero niños con insomnio hay muy pocos, así que tuve que explicar el sueño de los niños de manera poco cierta para que 20 millones de personas con bebés completamente sanos pensaran que sus hijos realmente dormían mal (y los que lo siguen comprando).
He decidido ser sincero y explicar realmente cómo es el sueño de los niños y qué es lo que podríamos considerar normal:• Sé que en mi libro digo que a los seis meses los niños tienen que dormir toda la noche, sin embargo no es del todo cierto. Es normal que los niños se despierten de manera frecuente durante los 2 o 3 primeros años de vida.
• Los niños amamantados suelen despertarse con mayor frecuencia que los que toman leche artificial, aunque en mi método hablo de todos los niños indistintamente. Aunque pudiera parecer algo negativo lo cierto es que supone un mayor contacto y apego incluso en la noche y tiene parte de explicación en la necesidad del bebé de sentirse seguro para dormir tranquilo y en la de asegurar el alimento realizando succión nocturna (cuando los niveles de prolactina de la madre son más elevados). Se puede decir que el bebé come de noche y realiza succión para asegurarse el alimento del día siguiente.
Como la lactancia materna proporciona succión (la succión les calma) y les proporciona alimento instantáneo, sin necesidad de esperar a la preparación de un biberón (además de que contiene sustancias favorecedoras del sueño), estos niños se duermen antes que los alimentados con leche de fórmula. En otras palabras, se despiertan más, pero se duermen antes.
De hecho, como la lactancia materna es la alimentación natural de la especie humana, si el ser alimentado de esta manera hace que los niños se despierten más, es que es lo normal.
• Es normal que un niño se despierte por la noche incluso hasta los 5 años. Para ser más concreto, el sueño casi adulto se produce alrededor de los 5-6 años.
• Un estudio observacional (filmación de los bebés durmiendo) muestra que el 44% de los bebés duerme toda la noche a los 2 meses y el 78% lo hace a los 9 meses.
Otros estudios similares indican que a los 4 meses un 50% de los bebés duerme del tirón y que a los 9 meses lo hace el 96%.
Gracias a este tipo de estudios he podido afirmar (pese a no ser del todo cierto, viendo las cifras) que los bebés de 6 meses deberían dormir toda la noche, sin embargo, leyendo detenidamente los estudios vemos que en el primer estudio consideran “dormir toda la noche” como que “el niño no salga de la cuna entre las 12 y las 5 de la madrugada” y en los otros estudios llaman a dormir del tirón el dormir seis horas seguidas.
Claro, si el niño se duerme a las 9 PM, la mayoría de los niños de hasta 9 meses estarán despiertos a las 2-3 de la mañana. Esto es algo normal, pero obviando estas apreciaciones sobre los estudios he conseguido que ustedes mis queridos papás crean que están fallando a la estadística de mi libro, que su hijo tiene un problema y que deben seguir leyendo para ofrecerle una solución.
La AEPED en su guía de lactancia materna para profesionales especifica que a los 6 meses duerme toda la noche (o sea, entre las 0 h y las 6:00 h) sólo el 16% de los bebés, aunque yo en mi libro digo que lo tiene que hacer el 100%. El 50% de ellos se despierta ocasionalmente, el 9% se despierta casi todas las noches y el 5% se despierta todas las noches.
Repito, entendiendo como noche el periodo comprendido entre las 0 y las 6 AM (esto significa que si ampliáramos el periodo a un horario comprendido entre las 21 PM y las 8 AM los resultados serían, digámoslo suavemente, escandalosos).
Tras conocer todos estos datos, mi querido lector, si aún siente la necesidad de obligar a su hijo a dormir en el horario que a usted le va bien, aunque vaya en contra de las necesidades del bebé y de sus ritmos de maduración cerebral, puede intentar mi método (que no es mío realmente, pues es del siglo pasado) que se basa en no hacer caso a las necesidades reales de su bebé para que aprenda que por la noche sus demandas no serán satisfechas.
Puede tardar unos días o semanas, es normal, pues los bebés, como los adultos, insisten en tener aquello que necesitan. En este caso, lo que solicitan es compañía y calor para sentirse seguros y un hombro, pecho o biberón que les calme lo antes posible para que poco a poco, a su ritmo, vayan aprendiendo a dominar sus necesidades nocturnas y acaben por dormir de una manera más continua.
Pasado ese tiempo su hijo sabrá que es inútil pedir algo que nunca va a llegar. No es que lo haya dejado de necesitar, es que se ha resignado.
• Mi método, si produce llanto y estrés, hace que aumente la secreción cerebral de cortisol, la hormona del estrés. Los expertos dicen que los bebés que menos estrés sufren de pequeños son los que en la edad adulta controlan y dominan mejor sus ansiedades y sus niveles de estrés. Quizás es un dato que quiera tener en cuenta.
Además el cortisol evita la conciliación del sueño, por lo que muchas veces se genera un pez que se muerde la cola.
• Es probable que tenga efectos secundarios: Muchos padres se preguntarán si mi método tiene efectos secundarios. Además de lo comentado sobre el cortisol se ha evidenciado, a corto plazo, la aparición en algunos bebés de problemas conductuales o del sueño tales como pesadillas, aparición de miedos y fobias, etc. (Milberg F, Gerold I).
Las consecuencias a largo plazo pueden ser: trastornos de ansiedad, depresiones, baja autoestima, indefensión aprendida, trastornos del apego, etc.
La misma AEPED ha dicho sobre mi método que “Las técnicas de terapia conductista de condicionamiento del sueño son difícilmente compatibles con la lactancia materna; deberían reservarse a niños con enfermedades del sueño, no estando probadas ni su eficacia, ni su repercusión psicológica a largo plazo”.
Por suerte, los problemas a largo plazo generan un problema a la hora de demostrar la causalidad, así que es muy probable que nadie me busque nunca para pedirme explicaciones.
Un saludo,
Eduard Estivill.
Bien, pues este es el escrito, documento o declaración que muchos estamos esperando del Dr. Estivill. Quién sabe, quizás algún día nos sorprenda y se sincere con todos los padres y madres a los que ha engañado. Quizás lo haga el día que decida que ya ha vendido suficientes libros, quizás no.
En unos días os traeré una nueva entrada con algunas ideas para que los niños duerman un poco mejor (o no).
En Bebés y más ¿Cuándo duermen los bebés toda la noche?, El Dr. Estivill evitó seguir su método con su nieto (y consigo mismo), No sólo del método Estivill duerme el niño, Documental: El cerebro del bebé por Eduardo Punset (1)
jueves, 23 de abril de 2009
Identifica lo que quiere tu bebé
Identifica lo que quiere tu bebé
Procede de: http://www.bbmundo.com/bebes/articulo.asp?idS=27&p=1&idCanal=3&idCat=6&filter=5344
El llanto es el vehículo de comunicación más eficaz del recién nacido. Nada como el poder del llanto para comunicarse con sus padres.
Satisfacer las exigencias que se manifiestan con el llanto de un recién nacido es uno de los principales retos para los padres, en especial de los primerizos.
¿Tendrá hambre, estará incómodo, necesitará que lo cambien, estará cansado o aburrido, tendrá realmente algún dolor fuerte? Todas estas preguntas desencadenan en los papás una reacción instintiva de alarma para buscar una solución.
Los consejos populares indican que se deben ignorar las lágrimas de un bebé para fortalecer sus pulmones con el llanto, evitar que manipule a su familia, prevenir los berrinches y para que aprenda a estar solo.
Sin embargo, los recientes estudios de psicólogos y neurólogos recomiendan todo lo contrario. Al parecer, dejar que un bebé llore demasiado puede causarle daños cerebrales y emocionales.
¿Llanto controlado?
Otra teoría recomienda que se programe el llanto con estricta disciplina y rutina. Se le conoce como método del llanto controlado: no cargar al bebé cuando llora, ignorarlo durante cierto período de tiempo según su edad y esperar a que el niño aprenda a autoconsolarse por cansancio. “Si no le haces caso, el bebé se dará cuenta de que no obtiene nada y se calmará”.
De manera equivocada se ha interpretado el llanto como una forma de cólera y manipulación por parte del bebé. El principio básico es que un bebé no manipula a través del llanto durante sus primeros meses: su llanto es un medio de comunicación de una necesidad real
La realidad del llanto
Los subsistemas emocionales del cerebro procesan información variada. Este circuito emocional está conectado fuertemente con la región cerebral que regula la toma de decisiones. Muchas de las cosas que nos definen emocionalmente las aprendemos a través de la experiencia, como reaccionar ante situaciones de peligro o miedo.
Por lo tanto, una de las claves del sistema emocional es cómo aprende y almacena la información nuestro cerebro.
La regulación temprana de las emociones en el cerebro se da, en un principio, durante los diálogos que se establecen entre madre e hijo a través del intercambio de miradas.
Las investigaciones han demostrado que una madre que se muestra sensible y complaciente hacia la comunicación visual temprana con su bebé, está estimulando un aprendizaje social positivo.
En contraste, una madre que no se muestra sensible al contacto visual temprano, no provee de este aprendizaje social positivo, entorpeciendo el proceso de maduración de la afectividad, tan importante para el desarrollo emocional. Lo mismo ocurre cuando un bebé trata de comunicarse a través del llanto.
Cuando el niño se encuentra en un estado de indefensión, miedo y pánico, la amígdala (conjunto de neuronas ubicadas en los lóbulos temporales del cerebro que procesa y almacena las reacciones emocionales) regula estas emociones enviando mensajes al cerebro para que el cuerpo se prepare con un escape o pelea.
Un bebé no puede escapar ni pelear. Si el pánico no es dominado por la intervención de un adulto, el flujo químico y hormonal puede inundar violentamente el cerebro, apuntando específicamente a la amígdala y el hipocampo durante un periodo de tiempo poco saludable.
Los niños que lloran y no son atendidos, lo hacen desesperadamente durante una hora o más, hasta que la amígdala se cierra. El niño a su vez aprende tras repetidos episodios que no tiene expectativas de respuesta y consuelo a su llanto y puede deducir que sus necesidades no son merecedoras de atención – una conclusión que finalmente puede afectar al correcto desarrollo de la autoestima del niño.
Si bien el cerebro podría determinar que no existe peligro alguno, si no se intenta calmar el estado de confusión emocional del niño, podrían perderse oportunidades vitales de desarrollo y refuerzo de la confianza, seguridad y capacidad de empatía del niño.
Los traumas provocados por el desamparo pueden dañar severamente el hipocampo, matando neuronas (causando lesiones).
Este daño es causado por la liberación de una cascada de cortisol, adrenalina y otras hormonas de estrés segregadas durante el episodio traumático.
Se cree que la abundancia de repetidas oleadas de estas sustancias químicas y hormonas en el cerebro es la causa de la reducción de la producción normal de serotonina y de la insensibilización de la amígdala, afectando a la capacidad de respuesta ante una situación de miedo
Entiende y atiende el llanto de tu bebé
Toma en serio el llanto de tu hijo porque está tratando de decirte algo. Cuantas veces llore, cuantas veces acércate y asístelo pues no está jugando. Si lo ignoras, aumentarás su sentimiento de ansiedad y abandono.
Trata de identificar la razón por su tipo de llanto. Con el tiempo podrás darte cuenta que llora de manera especial si tiene sueño, hambre, frío, cólico o simplemente cuando quiere sentirte cerca
Las palabras no siempre son necesarias. A veces el cerebro de un bebé está hiperestimulado para responder al lenguaje, por lo que resulta más efectivo un abrazo amoroso y cálido que lo calme, utilizando un tono suave de voz, un canto, un masaje o balancearlo en alguna posición diferente a la que tenía en la cuna.
No trates de persuadir a tu bebé de que no sienta sus emociones, no importa qué tan extremas o irracionales te puedan parecer.
Con el apoyo de la Dra. Laura Rincón Gallardo, Psicóloga Scroll upScroll down
Procede de: http://www.bbmundo.com/bebes/articulo.asp?idS=27&p=1&idCanal=3&idCat=6&filter=5344
El llanto es el vehículo de comunicación más eficaz del recién nacido. Nada como el poder del llanto para comunicarse con sus padres.
Satisfacer las exigencias que se manifiestan con el llanto de un recién nacido es uno de los principales retos para los padres, en especial de los primerizos.
¿Tendrá hambre, estará incómodo, necesitará que lo cambien, estará cansado o aburrido, tendrá realmente algún dolor fuerte? Todas estas preguntas desencadenan en los papás una reacción instintiva de alarma para buscar una solución.
Los consejos populares indican que se deben ignorar las lágrimas de un bebé para fortalecer sus pulmones con el llanto, evitar que manipule a su familia, prevenir los berrinches y para que aprenda a estar solo.
Sin embargo, los recientes estudios de psicólogos y neurólogos recomiendan todo lo contrario. Al parecer, dejar que un bebé llore demasiado puede causarle daños cerebrales y emocionales.
¿Llanto controlado?
Otra teoría recomienda que se programe el llanto con estricta disciplina y rutina. Se le conoce como método del llanto controlado: no cargar al bebé cuando llora, ignorarlo durante cierto período de tiempo según su edad y esperar a que el niño aprenda a autoconsolarse por cansancio. “Si no le haces caso, el bebé se dará cuenta de que no obtiene nada y se calmará”.
De manera equivocada se ha interpretado el llanto como una forma de cólera y manipulación por parte del bebé. El principio básico es que un bebé no manipula a través del llanto durante sus primeros meses: su llanto es un medio de comunicación de una necesidad real
La realidad del llanto
Los subsistemas emocionales del cerebro procesan información variada. Este circuito emocional está conectado fuertemente con la región cerebral que regula la toma de decisiones. Muchas de las cosas que nos definen emocionalmente las aprendemos a través de la experiencia, como reaccionar ante situaciones de peligro o miedo.
Por lo tanto, una de las claves del sistema emocional es cómo aprende y almacena la información nuestro cerebro.
La regulación temprana de las emociones en el cerebro se da, en un principio, durante los diálogos que se establecen entre madre e hijo a través del intercambio de miradas.
Las investigaciones han demostrado que una madre que se muestra sensible y complaciente hacia la comunicación visual temprana con su bebé, está estimulando un aprendizaje social positivo.
En contraste, una madre que no se muestra sensible al contacto visual temprano, no provee de este aprendizaje social positivo, entorpeciendo el proceso de maduración de la afectividad, tan importante para el desarrollo emocional. Lo mismo ocurre cuando un bebé trata de comunicarse a través del llanto.
Cuando el niño se encuentra en un estado de indefensión, miedo y pánico, la amígdala (conjunto de neuronas ubicadas en los lóbulos temporales del cerebro que procesa y almacena las reacciones emocionales) regula estas emociones enviando mensajes al cerebro para que el cuerpo se prepare con un escape o pelea.
Un bebé no puede escapar ni pelear. Si el pánico no es dominado por la intervención de un adulto, el flujo químico y hormonal puede inundar violentamente el cerebro, apuntando específicamente a la amígdala y el hipocampo durante un periodo de tiempo poco saludable.
Los niños que lloran y no son atendidos, lo hacen desesperadamente durante una hora o más, hasta que la amígdala se cierra. El niño a su vez aprende tras repetidos episodios que no tiene expectativas de respuesta y consuelo a su llanto y puede deducir que sus necesidades no son merecedoras de atención – una conclusión que finalmente puede afectar al correcto desarrollo de la autoestima del niño.
Si bien el cerebro podría determinar que no existe peligro alguno, si no se intenta calmar el estado de confusión emocional del niño, podrían perderse oportunidades vitales de desarrollo y refuerzo de la confianza, seguridad y capacidad de empatía del niño.
Los traumas provocados por el desamparo pueden dañar severamente el hipocampo, matando neuronas (causando lesiones).
Este daño es causado por la liberación de una cascada de cortisol, adrenalina y otras hormonas de estrés segregadas durante el episodio traumático.
Se cree que la abundancia de repetidas oleadas de estas sustancias químicas y hormonas en el cerebro es la causa de la reducción de la producción normal de serotonina y de la insensibilización de la amígdala, afectando a la capacidad de respuesta ante una situación de miedo
Entiende y atiende el llanto de tu bebé
Toma en serio el llanto de tu hijo porque está tratando de decirte algo. Cuantas veces llore, cuantas veces acércate y asístelo pues no está jugando. Si lo ignoras, aumentarás su sentimiento de ansiedad y abandono.
Trata de identificar la razón por su tipo de llanto. Con el tiempo podrás darte cuenta que llora de manera especial si tiene sueño, hambre, frío, cólico o simplemente cuando quiere sentirte cerca
Las palabras no siempre son necesarias. A veces el cerebro de un bebé está hiperestimulado para responder al lenguaje, por lo que resulta más efectivo un abrazo amoroso y cálido que lo calme, utilizando un tono suave de voz, un canto, un masaje o balancearlo en alguna posición diferente a la que tenía en la cuna.
No trates de persuadir a tu bebé de que no sienta sus emociones, no importa qué tan extremas o irracionales te puedan parecer.
Con el apoyo de la Dra. Laura Rincón Gallardo, Psicóloga Scroll upScroll down
lunes, 20 de abril de 2009
Límites o estructura emocional ( Laura Gutman )
¿Los niños necesitan límites o presencia materna?
Solemos determinar que un niño "no tiene límites" cuando "pide" desmedidamente o cuando su movimiento constante nos distrae o nos reclama atención. Sin embargo, antes de juzgarlos y rotularlos en su comportamiento, tratemos de ponernos en su lugar, de imaginarnos en su cuerpo y en su confusión, en la imposibilidad de comunicar lo que genuinamente necesita. El niño utiliza el mismo sistema confuso de pedir "lo que puede ser escuchado" y no lo que realmente desea. Ya ha constatado que lo que molesta, siempre es prioritario en la atención de los demás.
Cuando los adultos no logramos reconocer con sencillez y sentido lógico una necesidad personal, tampoco podemos comprender la necesidad específica de un niño, y menos aún si está formulada en el plano equivocado. Sin darnos cuenta, pedimos lo que creemos que será escuchado y no lo que realmente necesitamos. A este fenómeno tan frecuente y utilizado por todos nosotros, lo denomino: "pedido desplazado".
Por ejemplo: las mujeres necesitamos que nuestro esposo nos abrace y nos diga cuánto nos ama. Sin embargo en lugar de explicitar nuestra necesidad afectiva, le rogamos que se ocupe de cambiar al bebé. Cuando un deseo es expresado a través de otro deseo, aparece el malentendido. Inconscientemente solicitamos algo diferente de lo que necesitábamos, por lo tanto no obtenemos lo deseado, y así nos sentimos incomprendidas, desvalorizadas y enfadadas. En el plano emocional, cuando no sabemos lo que nos pasa o no lo podemos explicar, obviamente nada ni nadie logran satisfacernos.
En relación a los niños, esta situación es tan corriente que la vida cotidiana se convierte en "un campo de batalla". Levantarse para ir a la escuela, comer, bañarse, ir de compras, hacer la tarea, llegar o irse de algún lugar, ir a un restaurante en familia; todo parece ser "un gran malentendido" donde todos terminamos molestos. Y hemos encontrado un rótulo muy de moda aplicable a casi cualquier niño y a casi cualquier situación: "a este niño le faltan límites"
El tema de los límites -como se lo entiende vulgarmente- es un problema falso, ya que no se vincula con la autoridad o la firmeza con que decimos no. Al contrario, se resolvería fácilmente si fuésemos capaces de acordar entre el deseo de uno y el deseo del otro con sentido lógico para ambos. Y para ello se necesita capacidad de escucha, una cierta dosis de generosidad, reconocimiento de las propias necesidades, y luego la comunicación verbal que legitime y establezca lo que estamos en condiciones de respetar sobre el acuerdo pactado.
Nos preguntamos cómo hacer para que nuestros niños se comporten bien, sean amables y educados y puedan vivir según las reglas de nuestra sociedad. Sin embargo, estos "resultados" no dependen tanto de nuestros consejos, -y mucho menos de nuestro autoritarismo- sino de lo que podemos comunicar genuinamente. Para ello se requiere un trabajo de introspección permanente. No puedo contar qué me sucede si no sé qué me pasa de verdad. Luego, es necesario saber lo que le pasa al niño. Y sólo después será posible llegar a acuerdos basados en el conocimiento y la aceptación de lo que nos pasa a ambos. Si queremos niños dóciles y comprensivos, tendremos que entrenarnos en la dulzura hacia ellos y hacia nosotros mismos.
Por otra parte, ir en busca del pedido original del niño, requiere un conocimiento genuino sobre las necesidades básicas de los más pequeños. Los adultos consideramos con frecuencia que "ya son demasiado grandes para..." Invariablemente deberían lograr algo que aún les resulta inalcanzable como habilidad: jugar solos, no chuparse el dedo, permanecer en las fiestas de cumpleaños sin nuestra presencia, dejar el biberón, no interrumpir cuando los grandes conversan, quedarse quietos, estudiar solos, no mirar la tele, no molestar, etc.
Pero lo verdaderamente complejo, es que la presencia comprometida de los padres es escasa. Cuando los niños "no tienen límites, piden desmedidamente o no se conforman con nada", están reclamando desplazadamente presencia física y también compromiso emocional. De hecho, cuanto más insatisfechos estén los niños, más reclaman, menos los toleramos y más los adultos los echamos de casa porque nos desgastan. Los enviamos a pasar largas jornadas en las escuelas, fines de semana en casa de los abuelos, múltiples actividades extra escolares…ahondando la desconexión y el abismo que nos separa.
Un niño que nos exaspera es simplemente un niño necesitado.
Por eso el tema de los límites es un problema falso. Cuando hablamos de límites, hay que considerar nuestras capacidades de comunicación y de franqueza con la que nos dirigimos a nuestros hijos.
Esto no significa que debamos soportar la tiranía de caprichos absurdos. Al contrario, el niño no es libre de hacer cualquier cosa, pero nosotros tampoco. Se trata de preguntar al niño qué necesita, en qué lo podemos ayudar, y se trata de relatar también qué nos sucede a nosotros los adultos y qué estamos en condiciones de ofrecer. Luego, haremos algunos acuerdos posibles. Así de fácil.
Laura Gutman
Solemos determinar que un niño "no tiene límites" cuando "pide" desmedidamente o cuando su movimiento constante nos distrae o nos reclama atención. Sin embargo, antes de juzgarlos y rotularlos en su comportamiento, tratemos de ponernos en su lugar, de imaginarnos en su cuerpo y en su confusión, en la imposibilidad de comunicar lo que genuinamente necesita. El niño utiliza el mismo sistema confuso de pedir "lo que puede ser escuchado" y no lo que realmente desea. Ya ha constatado que lo que molesta, siempre es prioritario en la atención de los demás.
Cuando los adultos no logramos reconocer con sencillez y sentido lógico una necesidad personal, tampoco podemos comprender la necesidad específica de un niño, y menos aún si está formulada en el plano equivocado. Sin darnos cuenta, pedimos lo que creemos que será escuchado y no lo que realmente necesitamos. A este fenómeno tan frecuente y utilizado por todos nosotros, lo denomino: "pedido desplazado".
Por ejemplo: las mujeres necesitamos que nuestro esposo nos abrace y nos diga cuánto nos ama. Sin embargo en lugar de explicitar nuestra necesidad afectiva, le rogamos que se ocupe de cambiar al bebé. Cuando un deseo es expresado a través de otro deseo, aparece el malentendido. Inconscientemente solicitamos algo diferente de lo que necesitábamos, por lo tanto no obtenemos lo deseado, y así nos sentimos incomprendidas, desvalorizadas y enfadadas. En el plano emocional, cuando no sabemos lo que nos pasa o no lo podemos explicar, obviamente nada ni nadie logran satisfacernos.
En relación a los niños, esta situación es tan corriente que la vida cotidiana se convierte en "un campo de batalla". Levantarse para ir a la escuela, comer, bañarse, ir de compras, hacer la tarea, llegar o irse de algún lugar, ir a un restaurante en familia; todo parece ser "un gran malentendido" donde todos terminamos molestos. Y hemos encontrado un rótulo muy de moda aplicable a casi cualquier niño y a casi cualquier situación: "a este niño le faltan límites"
El tema de los límites -como se lo entiende vulgarmente- es un problema falso, ya que no se vincula con la autoridad o la firmeza con que decimos no. Al contrario, se resolvería fácilmente si fuésemos capaces de acordar entre el deseo de uno y el deseo del otro con sentido lógico para ambos. Y para ello se necesita capacidad de escucha, una cierta dosis de generosidad, reconocimiento de las propias necesidades, y luego la comunicación verbal que legitime y establezca lo que estamos en condiciones de respetar sobre el acuerdo pactado.
Nos preguntamos cómo hacer para que nuestros niños se comporten bien, sean amables y educados y puedan vivir según las reglas de nuestra sociedad. Sin embargo, estos "resultados" no dependen tanto de nuestros consejos, -y mucho menos de nuestro autoritarismo- sino de lo que podemos comunicar genuinamente. Para ello se requiere un trabajo de introspección permanente. No puedo contar qué me sucede si no sé qué me pasa de verdad. Luego, es necesario saber lo que le pasa al niño. Y sólo después será posible llegar a acuerdos basados en el conocimiento y la aceptación de lo que nos pasa a ambos. Si queremos niños dóciles y comprensivos, tendremos que entrenarnos en la dulzura hacia ellos y hacia nosotros mismos.
Por otra parte, ir en busca del pedido original del niño, requiere un conocimiento genuino sobre las necesidades básicas de los más pequeños. Los adultos consideramos con frecuencia que "ya son demasiado grandes para..." Invariablemente deberían lograr algo que aún les resulta inalcanzable como habilidad: jugar solos, no chuparse el dedo, permanecer en las fiestas de cumpleaños sin nuestra presencia, dejar el biberón, no interrumpir cuando los grandes conversan, quedarse quietos, estudiar solos, no mirar la tele, no molestar, etc.
Pero lo verdaderamente complejo, es que la presencia comprometida de los padres es escasa. Cuando los niños "no tienen límites, piden desmedidamente o no se conforman con nada", están reclamando desplazadamente presencia física y también compromiso emocional. De hecho, cuanto más insatisfechos estén los niños, más reclaman, menos los toleramos y más los adultos los echamos de casa porque nos desgastan. Los enviamos a pasar largas jornadas en las escuelas, fines de semana en casa de los abuelos, múltiples actividades extra escolares…ahondando la desconexión y el abismo que nos separa.
Un niño que nos exaspera es simplemente un niño necesitado.
Por eso el tema de los límites es un problema falso. Cuando hablamos de límites, hay que considerar nuestras capacidades de comunicación y de franqueza con la que nos dirigimos a nuestros hijos.
Esto no significa que debamos soportar la tiranía de caprichos absurdos. Al contrario, el niño no es libre de hacer cualquier cosa, pero nosotros tampoco. Se trata de preguntar al niño qué necesita, en qué lo podemos ayudar, y se trata de relatar también qué nos sucede a nosotros los adultos y qué estamos en condiciones de ofrecer. Luego, haremos algunos acuerdos posibles. Así de fácil.
Laura Gutman
viernes, 17 de abril de 2009
Pintura de dedos y plastilina caseras
A los niños les encanta pintar, experimentar y mancharse. Os dejamos aquí unas recetas facilisimas para elaborar pintura de dedos y plastilina caseras, con lo cual, además de pintar y dar paso a la creatividad de nuestros hijos, podran sentir diferentes texturas y ser creadores de sus propios materiales de juego. No todo tiene porqué ser comprar, es mucho más divertido imaginar y crear ¿ verdad ?
Pintura de dedos
1/2 vaso de harina de maiz
2 vasos de agua hirviendo
1 vaso de agua fria
Colorante alimentario**
Gelatina neutra ( 1 sobre )
Disolver la harina de maiz en 3/4 del vaso de agua fria. En el 1/4 restante poner la gelatina. Mezclar el agua hirviendo con el agua con harina y remover constantemente. Cocinar a fuego medio hasta que hierva de nuevo. Cuando adquiera una textura esponjosa añadir al la gelatina con agua. Una vez frio se separa en recipientes pequeños y se añaden unas gotas del colorante deseado. Se conserva en la nevera.
Plastilina
Dos tazas de harina
Una taza de sal
Dos cucharadas de aceite
Colorante alimentario** (es opcional, pero queda mucho mejor)
Agua.
Pon en un recipiente los ingredientes y vierte el agua poco a poco hasta obtener la consistencia deseada. Debes amasar hasta que no se pegue en los dedos.
Esta plastilina puede conservarse durante un tiempo si la envuelves en plástico y la guardas en la nevera. Además se puede meter al horno para conservar las figuras realizadas
**Los colorantes alimentarios los venden en el super, pero si quereis hacer la pintura mucho más ecológica, podeis usar colorantes naturales como azafrán, cúrcuma, té negro o verde, café, cacao, remolacha, ....
En este blog podeis encontrar más información sobre colorantes alimentarios caseros
http://www.biscayenne.com/2012/02/colorantes-naturales-amarillo-verde-y.html
¡ Buen día y qué disfruteis de la actividad !
jueves, 16 de abril de 2009
Tres años aprendiendo de tí
Hace tres años que llegaste para llenar nuestras vidas de luz y alegria. Ese dia no solo naciste tú , tambien nació una madre porque ese es el único calificativo que se me ocurre para describirme desde que estás con nosotros. Has cambiado mi vida radicalmente, nunca imaginé que la maternidad fuera algo tan maraviloso y especial. Me has enseñado a ser mejor persona, a confiar en mi misma y en mi instinto, a luchar por mis ideales, aunque a veces parezcan inalcanzables. Me has enseñado a respetar, a tratar de ponerme en el lugar de los demás, a ser más imaginativa y creativa. He descubierto mil maneras de pasarlo bien contigo. Gracias a ti he conocido a gente maravillosa . Gracias a ti muchas familias se están dando cuenta de que hay otra manera de criar, sin llantos, sin castigos y sin miedo a "malcriar".
Gracias mi niño, gracias por haberme elegido como madre y permitirme aprender de ti cada dia
¡ Feliz cumpleaños mi amor !
Gracias mi niño, gracias por haberme elegido como madre y permitirme aprender de ti cada dia
¡ Feliz cumpleaños mi amor !
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