Siguiendo con mi recopilacion de cuentos, os traigo una preciosa leyenda que nos cuenta Anais en su blog " Mi viaje a Itaca " y que es el origen de una antigua tradicion que aun se mantiene en euskadi.
" El Olentzero es un extraño hombre muy comilón que cada Nochebuena se cuela en las casas bajando por la chimenea. Su vestimenta y profesión depende de las regiones donde se le rinde culto. En algunos pueblos dicen que se trata de un carbonero que vive con su mujer y que va a la cocina de las casas cuando la familia se ido a dormir, para calentarse en el fuego. En otros es costumbre representar al Olentzero con un maniquí hecho a base de paja y trapos que los niños llevan por las casas para pedir el aguinaldo de Nochebuena. En otors lugares cuelgan en la chimenea la imagen del Olentzero con su boina en la cabeza y una hoz en la mano, hasta después de la Misa del gallo, como símbolo de prosperidad y buena suerte. En Pamplona (Navarra) ya es típico el desfile de los Olentzeros danzando al son de txistus y tamboriles en la tarde del día de Nochebuena. "
La Leyenda del Olentzero ( del Blog de Anais )
Hubo una vez, hace muchos muchos años, en los profundos bosques del País Vasco, un hada muy hermosa viviendo allí. Su cabellera era amarilla como el sol y sus ojos eran muy brillantes. Como todas las hadas, ella cuidaba de la gente y siempre estaba acompañada por unas criaturas pequeñitas y divertidas (llamadas Prakagorri o "pantalones rojos"), que la ayudaban en su trabajo.
Un día, cuando ella iba viajando a través de las montañas, se detuvo para peinar sus cabellos junto a una fuente. De repente, los Prakagorris le dijeron que algo se estaba moviendo entre los helechos. El hada continuó peinando y peinando sus rizados cabellos y no se dió cuenta de nada hasta que los Prakagorris gritaron llamando su atención.
"ES UN BEBÉ HUMANO," dijo el más viejo de los duendes.
"¿Por qué lo dejaron aquí?" se preguntaron los Prakagorris.
"Yo no sé," dijo el hada, "es difícil de comprender como hay humanos que pueden ser tan desalmados algunas veces. Desde ahora," le dijo el hada al bebé, "tu nombre será Olentzero, porque haberte encontrado ha sido algo maravilloso. Además te daré tres regalos, la fuerza, el coraje y el amor, por todo el tiempo que vivas."
Entonces el hada tomó al bebé y lo llevó a una vieja casa en el límite del bosque donde vivían un hombre y su mujer que no tenían niños.
"Ellos estarán muy felices de recibir este bebé y lo cuidarán muy bien, lo sé" dijo el hada, y dejó al niño allí en frente de la puerta de su vieja casa.
Muy temprano en la mañana, cuando el sol comenzaba a salir, el hombre salió de la casa para ordeñar a las vacas. Y sorprendido al ver allí a un bebé precioso le dijo a su mujer:
"Mi amor, ven aquí rápidamente! Ven a ver lo que he encontrado!"
Tal como el hada había predicho, Olentzero hizo muy felices a este hombre y a su mujer.
"Qué afortunados hemos sido!", dijo la mujer. E inmediatamente cubrieron al niño con una cálida manta, le dieron comida y lo tomaron como su hijo.
Y así fue como Olentzero llegó a crecer en aquellas maravillosas montañas, hasta que se convirtió en un fuerte, saludable y amable hombre. Sus padres estaban muy contentos y a Olentzero nunca le preocupó la extraña forma en la que sus padres le habían encontrado.
Olentzero trabajaba todos los días, de la mañana a la noche, haciendo carbón y ayudando a su anciano padre.
Después de muchos años los padres de Olentzero murieron y él se quedó muy triste y solo en la vieja casa del bosque. Los años vinieron y se fueron, y su cara comenzó a arrugarse y su cabello comenzó a ponerse blanco. El vivir solo lo entristeció aún más y se dió cuenta de que lo único que le haría más feliz sería ayudar a otras personas que lo necesitaban.
Entonces recordó que en el pueblo había una casa en la cual vivían unos niños huérfanos que subsistían gracias a las cosas que la gente del pueblo les daba. Se dió cuenta de que aquellos niños eran muy solitarios, tanto como él, y de que él podría hacer algo para que fueran un poco más felices.
Olentzero era muy inteligente y muy bueno haciendo cosas con sus manos, así que hizo algunos juguetes de madera para aquellos niños (pequeños juguetes y muñecas, que el podría llevar a los niños cuando fuera al pueblo a vender su carbón). Cuando terminó los juquetes, los puso en una gran bolsa, puso la bolsa sobre su burro, y marchó hacia el pueblo, sintiendo una gran felicidad por dentro que hacía que sus ojos brillasen con mucha fuerza.
Le tomó toda la mañana caminar a través de las montañas hasta llegar al pueblo, pero le dió igual porque estaba muy feliz, sonreía como si estuviera en un sueño, porque sabía lo felices que harían esos regalos a los niños.
Cuando los más pequeños del pueblo le vieron aparecer con esa bolsa tan grande llena de juguetes tan bonitos se pusieron locos de alegría. Abrieron sus regalos y el Olentzero se pasó la tarde jugando con ellos y contándoles las historias que había aprendido de pequeño de boca de su padre.
Los niños y niñas del pueblo se lo pasaron muy bien aquella tarde con Olentzero y después de aquel día nunca sevolvieron a sentir tan solos como antes. Olentzero se volvió muy conocido en el pueblo, y cada vez que se acercaba, era rodeado por todos los niños.
Esto se repitió muchos hermosos y felices años, hasta que un día cuando el Olentzero se dirijía al pueblo comenzó una terrible tormenta. Los fríos y fuertes vientos, y el sonido de los truenos asustaron mucho a toda la gente, especialmente a los niños. Pero Olentzero no se detuvo, ni dió marcha atrás, sino que siguió caminando hacía el pueblo. Cuando derrepente vió como un rayo alcanzó una casa, desde la que empezó a salir fuego por el tejado. Mientras que por las ventanas se asomaron unos niños asustados, gritando y pidiendo ayuda. Sin pensarlo mucho, el Olentzero entró en la casa que estaba en llamas, cubrió a los niños con una manta para protegerlos del fuego y los sacó de la casa a través de una ventana del primer piso. Pero cuando el estaba a punto de salir una de las vigas de madera cayó sobre él. El corazón de Olentzero se detuvo. La gente del pueblo lloraba viendo como la casa se consumía por las llamas y Olentzero seguía dentro. Pero en ese momento fueron sorprendidos por una luz brillante que salía de la casa.
Nadie podía ver lo que estaba ocurriendo dentro. Pero en la casa, el hada que había encontrado a Olentzero en las montañas, apareció de nuevo junto a él y comenzó a llamarlo por su nombre con su dulce voz:
"Olentzero! Olentzero!" Y le dijo: "Olentzero, tú has sido un buen hombre, lleno de fe y de buen corazón. Has dedicado tu vida a hacer cosas para los demás, y has dado hasta tu propia vida para salvar a otras personas. Por lo tanto no quiero que te mueras. Quiero que vivas para siempre. De ahora en adelante tú harás juguetes y otros regalos para los niños en este pueblo y en todos los rincones del País Vasco."
"¡Y nosotros te ayudaremos!" dijeron todos los Prakagorris, volando alrededor de Olentzero.
Y así fue como vino a pasar que, en la mitad de cada invierno, al final de cada año, Olentzero va a todos los pueblos del País Vasco repartiendo juguetes y regalos a los niños que no tienen padres ni abuelos que les hagan regalos, y a los que si, también.
Desde entonces los niños de todos los pueblos celebran la llegada de Olentzero cantando canciones y esparciendo su mensaje de amor, fuerza y coraje.
Algunas personas no creen que Olentzero realmente exista. Pero entre los vascos hay un viejo dicho: Todas las cosas que tienen un nombre existen, si nosotros creemos en ellas.
Fuentes:
http://anaiseta.blogspot.com/2009/12/el-olentzero.html
http://casasyminiaturas.iespana.es/origen_olentzero.htm
lunes, 7 de diciembre de 2009
sábado, 5 de diciembre de 2009
Los Regalos de Navidad: Newsletter Diciembre ( Laura Gutman )
Los regalos de Navidad
Las ilusiones alrededor de las Navidades de nuestra infancia duraban un año entero. Escribíamos nuestras cartas con esmero, esperando que ese ser mágico vestido de rojo atienda nuestros anhelos. A veces redactábamos “que mi madre no sufra más”, “por favor, que mi padre deje la bebida” y también “quisiera un hermoso vestido”. Claro que había pedidos de regalos costosos, imposibles de ser adquiridos por personas de carne y hueso como los padres de uno. Por eso el pedido era fascinante. Si por casualidad se cumplía, era por gracia de un ser superior.
Más allá del sentido religioso que podía tener para las personas mayores, la Navidad era una fiesta para los niños, porque el mundo brillaba como en un cuento de hadas. Era el momento de cumplir algún sueño y hasta teníamos la fantasía de que todos éramos un poco más buenos. La alegría era inmensa al recibir finalmente un regalo. Uno. Inolvidable.
Hoy la magia tiene más relación con Internet que con descubrir a Papá Noel. Los hechizos duran apenas unos segundos apabullados por la publicidad. El consumo desenfrenado nos induce a comprar y comprar y comprar regalos costosos. Regalos para los niños, para los grandes, para los vecinos, los sobrinos, los nietos, las nueras y los yernos. Usamos nuestras tarjetas de crédito hasta el límite del hartazgo para juguetes, ropas, zapatos, electrónica, o vacaciones.
Posiblemente cuando nuestros hijos sean mayores, no recuerden nada especial en relación a las Noches Buenas. Hoy se convirtieron en cenas fastuosas a las cuales arribamos agotados, tras recorrer centros comerciales, endeudados y a disgusto. Es posible que algo de toda esta vorágine nos deje una sensación de sin sentido cuando se supone que debería ser una época de reflexión y encuentro.
Quizás sea la ocasión perfecta para hacer pequeños movimientos que nos satisfagan más y que llenen de sentido esa noche tan especial. Tal vez podamos instalar cierta intimidad, reunirnos con pocas personas muy allegadas y regalar a cada uno un escrito colmado de agradecimientos. Y para los niños, claro que habrá algo fuera de lo común, algo soñado, esperado, imaginado y en lo posible no muy caro. Los niños tienen derecho a recibir unas palabras que nombren lo orgullosos que sus padres están de ellos y una hermosa carta escrita por Papá Noel felicitándolos por sus virtudes, firmada con letra dorada.
La Navidad puede volver a ser mágica. Todos nosotros estamos en condiciones de ofrecer a los niños pequeños una noche especial, llena de sorpresas y de encanto. Es una sola noche al año. Todas las demás estamos cansados, hartos de nuestras rutinas. Y ese fastidio cotidiano, no hay juguete que lo transforme. Aprovechemos el confort que hemos adquirido, pero agreguemos nuestros recursos emocionales. Un poco de calma, buena música y disponibilidad afectiva, son regalos insuperables.
Laura Gutman
jueves, 3 de diciembre de 2009
Cuentos de Adviento ( II )
Hace tiempo que un viajero en una de sus vueltas por el mundo, llegó a una tierra, le llamó la atención la belleza de sus arroyos que cruzaban los campos, los sembrados.....
Habiendo caminado ya un rato, se encontró con la casas del pueblo, sencillas coloridas y con puertas abiertas de par en par. ¡ No podía creerlo...él venía de un lugar muy distinto !.
Se fue acercando pero su sorpresa fue mayor cuando tres niños, hermanitos, salieron a recibirlo y lo invitaron a pasar. Los padres de los niños invitaron al viajero a quedarse con ellos unos días.
El viajero aprendió muchas cosas, por ejemplo a hornear el pan, trabajar la tierra, ordeñar las vacas.... , pero había una de la cual no podía descubrir el significado:
Cada día y, algunos días en varias ocasiones, el papá la mamá y los hermanos se acercaban a una mesita donde habían colocado las figuras de María y José, un burrito marrón y una vaca y despacito dejaban una pajita entre María y José.
Con el correr de los días el colchoncito de pajitas iba aumentando y se hacía más mullido.
Cuando le llegó al viajero el momento de partir , la familia le entregó un pan calientito y frutas para el camino, lo abrazaron y lo despidieron. Ya se iba cuando dándose la vuelta les dijo: Una cosa quisiera llevarme de este hermoso momento.
Por supuesto le contestaron ¿ Qué más podemos darte para el camino?
Y el viajero entonces preguntó- ¿ Por qué iban dejando esas pajitas a los pies de María y José?
Ellos sonrieron y el niño más pequeño respondió:
Cada vez que hacemos algo con amor, buscamos una pajita y la llevamos al pesebre. Y así vamos preparando para que cuando llegue el niño Jesús, María tenga un lugar para recostarlo. Si amamos poco, el colchón va a ser un colchón delgado y por lo mismo frio. Pero si amamos mucho, Jesús va a estar más cómodo y calientito.
El viajero parecía comprenderlo todo.Sintió ganas de quedarse con esa familia hasta la Nochebuena, pero una voz adentro suyo lo invitó a llevar por otros pueblos lo que había conocido tanto de nuevas labores, como de los corazones sencillos tan llenos de amor, como los de esa familia……
( Autor desconocido )
Fuente: http://sites.google.com/site/mimundolasleyendas/
Habiendo caminado ya un rato, se encontró con la casas del pueblo, sencillas coloridas y con puertas abiertas de par en par. ¡ No podía creerlo...él venía de un lugar muy distinto !.
Se fue acercando pero su sorpresa fue mayor cuando tres niños, hermanitos, salieron a recibirlo y lo invitaron a pasar. Los padres de los niños invitaron al viajero a quedarse con ellos unos días.
El viajero aprendió muchas cosas, por ejemplo a hornear el pan, trabajar la tierra, ordeñar las vacas.... , pero había una de la cual no podía descubrir el significado:
Cada día y, algunos días en varias ocasiones, el papá la mamá y los hermanos se acercaban a una mesita donde habían colocado las figuras de María y José, un burrito marrón y una vaca y despacito dejaban una pajita entre María y José.
Con el correr de los días el colchoncito de pajitas iba aumentando y se hacía más mullido.
Cuando le llegó al viajero el momento de partir , la familia le entregó un pan calientito y frutas para el camino, lo abrazaron y lo despidieron. Ya se iba cuando dándose la vuelta les dijo: Una cosa quisiera llevarme de este hermoso momento.
Por supuesto le contestaron ¿ Qué más podemos darte para el camino?
Y el viajero entonces preguntó- ¿ Por qué iban dejando esas pajitas a los pies de María y José?
Ellos sonrieron y el niño más pequeño respondió:
Cada vez que hacemos algo con amor, buscamos una pajita y la llevamos al pesebre. Y así vamos preparando para que cuando llegue el niño Jesús, María tenga un lugar para recostarlo. Si amamos poco, el colchón va a ser un colchón delgado y por lo mismo frio. Pero si amamos mucho, Jesús va a estar más cómodo y calientito.
El viajero parecía comprenderlo todo.Sintió ganas de quedarse con esa familia hasta la Nochebuena, pero una voz adentro suyo lo invitó a llevar por otros pueblos lo que había conocido tanto de nuevas labores, como de los corazones sencillos tan llenos de amor, como los de esa familia……
( Autor desconocido )
Fuente: http://sites.google.com/site/mimundolasleyendas/
Cuentos de Adviento (I)
Buscando cuentos para estas fechas me he topado con este tan bonito publicado en el Blog de Paideia en Familia y no puedo dejar de compartirlo con vosotros.
Cuento de Adviento
Hace mucho, mucho tiempo, la Virgen María se estaba preparando para Navidad. Y había llegado el tiempo de que empezara a tejer la mantilla para el Niño Dios que nacería muy pronto. Se fue caminando entre las estrellas y ellas le dieron hilos radiantes de cristal para la mantilla del Niño. La luna le dio hilos de plata. El sol le dio brillantes hilos de oro. Y así la Virgen María juntó todos los hermosos hilos y empezó a tejerlos juntos. Pero !ah! los hilos se deslizaban y se separaban todo el tiempo y ella no podía tejerlos juntos. Continuó su camino e iba buscando y buscando.
"!Ah, queridas piedras!", dijo la Virgen María, "vosotras que sois tan fuertes y firmes, ¿podéis ayudarme a tejer todos los hilos y convertirlos en una mantilla para el Niño Jesús?"
"No, madre María, nosotras señalaremos tu camino hacia el establo y haremos un suelo fuerte y firme para tus pasos, pero no te podemos ayudar a tejer los hilos".
"!Ah, queridas plantas!", dijo la Virgen María, "vosotras que sois tan hermosas y verdes, y alguna de vosotras sigue siendo verde durante todo el invierno, ¿podéis ayudarme a tejer todos los hilos y convertirlos en una mantilla para el Niño Jesús?"
"No, madre María, nosotras te haremos un jardín donde crezca la flor de nochebuena, los lirios y las rosas de Navidad, pero no podemos ayudarte a tejer los hilos".
"!Ah, queridos animales!", dijo la Virgen María, "vosotros que sois tan ágiles y alegres, ¿podéis ayudarme a tejer todos los hilos y convertirlos en una mantilla para el Niño Jesús?"
"No, madre María, nuestro hermano el burrito te ayudará y te cargará durante tu largo viaje, pero no podemos ayudarte a tejer los hilos".
La Virgen ya no sabía adonde ir a pedir ayuda, pero entonces vino un Ángel hacia ella y muy suave le dijo:
"Madre María, tienes que pedir a los niños amor de sus corazones y cuando los niños de la Tierra te envíen su amor, entonces podrás tejer la mantilla del Niño Jesús".
Y eso fue lo que sucedió. Y desde entonces, cada año en la época de Adviento, viene ese Ángel y nos trae luz en la oscuridad, y cada niño puede coger esa luz. Y con ella, su amor podrá llegar a la Virgen María para que pueda tejer la mantilla del Niño Dios.
Cuento de Adviento
Hace mucho, mucho tiempo, la Virgen María se estaba preparando para Navidad. Y había llegado el tiempo de que empezara a tejer la mantilla para el Niño Dios que nacería muy pronto. Se fue caminando entre las estrellas y ellas le dieron hilos radiantes de cristal para la mantilla del Niño. La luna le dio hilos de plata. El sol le dio brillantes hilos de oro. Y así la Virgen María juntó todos los hermosos hilos y empezó a tejerlos juntos. Pero !ah! los hilos se deslizaban y se separaban todo el tiempo y ella no podía tejerlos juntos. Continuó su camino e iba buscando y buscando.
"!Ah, queridas piedras!", dijo la Virgen María, "vosotras que sois tan fuertes y firmes, ¿podéis ayudarme a tejer todos los hilos y convertirlos en una mantilla para el Niño Jesús?"
"No, madre María, nosotras señalaremos tu camino hacia el establo y haremos un suelo fuerte y firme para tus pasos, pero no te podemos ayudar a tejer los hilos".
"!Ah, queridas plantas!", dijo la Virgen María, "vosotras que sois tan hermosas y verdes, y alguna de vosotras sigue siendo verde durante todo el invierno, ¿podéis ayudarme a tejer todos los hilos y convertirlos en una mantilla para el Niño Jesús?"
"No, madre María, nosotras te haremos un jardín donde crezca la flor de nochebuena, los lirios y las rosas de Navidad, pero no podemos ayudarte a tejer los hilos".
"!Ah, queridos animales!", dijo la Virgen María, "vosotros que sois tan ágiles y alegres, ¿podéis ayudarme a tejer todos los hilos y convertirlos en una mantilla para el Niño Jesús?"
"No, madre María, nuestro hermano el burrito te ayudará y te cargará durante tu largo viaje, pero no podemos ayudarte a tejer los hilos".
La Virgen ya no sabía adonde ir a pedir ayuda, pero entonces vino un Ángel hacia ella y muy suave le dijo:
"Madre María, tienes que pedir a los niños amor de sus corazones y cuando los niños de la Tierra te envíen su amor, entonces podrás tejer la mantilla del Niño Jesús".
Y eso fue lo que sucedió. Y desde entonces, cada año en la época de Adviento, viene ese Ángel y nos trae luz en la oscuridad, y cada niño puede coger esa luz. Y con ella, su amor podrá llegar a la Virgen María para que pueda tejer la mantilla del Niño Dios.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
“Doulas”: Un aliento de amor para un nacimiento más humano
Fuente: http://www.noticiaspositivas.net/2009/10/30/“doulas”-un-aliento-de-amor-para-un-nacimiento-mas-humano/
Autora: Anna Carnes
“Doula” es un término griego que describe una mujer que sirve a otra mujer. Esta palabra se ha extendido mundialmente para describir a una mujer que acompaña a otra, en el proceso de embarazo, parto-nacimiento y crianza. No se trata de una figura sanitaria sino de un apoyo y un acompañamiento personal a la preparación física y emocional.
Ancestralmente la mujer primitiva que vivía en tribu lo hacía conectada con su cuerpo y su capacidad creadora. Al llegar a la madurez habría convivido con los embarazos, partos y crianzas de las otras mujeres adultas de su comunidad, quienes además la sostendrían y acompañarían en su propia experiencia.
La doula durante el embarazo
Hoy en día la situación es muy distinta: las parejas viven aisladas de otros núcleos familiares y en muchos casos el primer contacto de la mujer con la fuerza creadora femenina es su propio embarazo. Es entonces cuando los miedos, las inseguridades, el estrés y la necesidad de control, hacen a la mujer “abandonarse” en manos de profesionales. Y ya está; se esconden de golpe aquellas sensaciones y la mujer puede seguir con su vida y tener un embarazo sin casi enterarse… hasta más o menos la semana 40 en la que el bebé ha de salir, y se despiertan el miedo al dolor y a lo desconocido. Si todo va bien, en un par de días la mamá se encuentra en casa sin saber qué hacer con un bebé al que no conoce. En el caso del bebé esta situación es vivida aún con más dramatismo, como diversos estudios han demostrado (p.e. Doctor Thomas Verny y John Kelly).
El papel de la doula es el de recuperar aquel sostén entre mujeres, rescatar la sabiduría ancestral que cada una de nosotras tiene, favorecer desde el nido-útero el vínculo mamá-bebé y en su caso papá-bebé, y siempre, siempre acompañar a la futura mamá en su propio proceso. De esta manera el embarazo se vuelve más consciente, en el pleno sentido de esta palabra; el bebé se siente unido a su madre física y emocionalmente; está seguro, protegido y bienvenido. Y esas sensaciones del bebé intrauterino empiezan ya a formar la personalidad del adulto que llegará a ser. Según los estudios del Dr. Verny, experto y conferenciante de la vida intrauterina, queda en evidencia que los estímulos sensoriales y emocionales que percibe el bebé, al menos a partir del sexto mes de gestación, influyen decisivamente en los gustos y la personalidad del futuro niño.
La doula y el parto-nacimiento
Igualmente decisivo es el momento del nacimiento-parto. ¿Cómo va a ser recibido ese bebé? ¿Pasará de su cálido nido-útero a los cálidos brazos y pechos de su madre? ¿Podrá sentir sus latidos, tan familiares para él, sonando emocionados? ¿Serán los ojos de su madre los primeros que vea, su piel la primera que huela, su voz lo primero que oiga? Y si fuera así, ¿qué más podría pedir? Realmente ambos podrían disfrutar del momento más intenso, inmenso y feliz de sus vidas. Este es un buen comienzo para una vida llena de amor.
Dice el gran Michel Odent, cirujano, obstetra e investigador del nacimiento y cuanto le rodea: “Si queremos cambiar el mundo, comencemos por cambiar cómo llegamos a él”. Y es que, parafraseando al Dr. Odent, la forma en que nacemos nos afecta toda la vida. Esos primeros estímulos marcarán en el bebé su forma de relacionarse con el mundo y por tanto, un nacimiento rodeado de amor hará de él mejor persona.
Sin embargo en nuestra sociedad esta situación tan natural está hoy por hoy dificultada por el alto grado de intervencionismo que rodea el embarazo y el parto-nacimiento. Empezando por la anestesia epidural que impide a la mamá el libre movimiento, que hace necesario el uso de oxitocina sintética, que obliga a la mamá a parir tumbada y finalmente favorece la necesidad del uso de fórceps, ventosas y/o cesárea. España ha sido duramente criticada por la Organización Mundial de la Salud por superar con creces los porcentajes de partos instrumentados y cesáreas recomendados por dicha organización. Pero no hemos de culpar de ello al sistema sanitario sin mirar en nosotras mismas. ¿Qué hace el sistema sino responder a la demanda de mujeres que se han “abandonado” en sus manos? Muy distinta es la situación cuando la medicina y los adelantos técnicos están al servicio de una díada mamá-bebé que controla su proceso, y que cuenta con ellos en caso de emergencia. Y para llegar a esta situación, la doula juega su papel de información, asesoramiento, sostén y mucho respeto. Así funciona en otros países de Europa, en las Casas de Parto de Europa y España, y afortunadamente tienden a ello cada vez más equipos sanitarios en distintos centros españoles.
El trabajo con una doula durante el embarazo y el parto ha demostrado tener una larga lista de beneficios, por supuesto emocionales pero también prácticos: el tiempo de trabajo de parto disminuye en un 25%, la necesidad de uso de instrumentos disminuye en un 40%, la cesárea en un 50%, y además se reduce notablemente la incidencia de la llamada depresión posparto.
La doula y la crianza
Facilitar la intimidad de la díada mamá-bebé, el buen inicio de la lactancia materna, la crianza con amor y apego,… y continuar con las palabras clave de la doula: facilitar, acompañar y sostener. En los primeros días después del parto, la gran mayoría de las mujeres tienen inseguridades relacionadas con la lactancia, a las que no en pocas ocasiones se suman las temidas grietas con el consecuente dolor añadido. La doula suple entonces a aquella otra mujer de la tribu que con mucho amor pone su experiencia y recursos a disposición de la mamá, evitando los miedos y despertando en la mujer la seguridad y confianza en su innata capacidad de criar-amar.
Después de esos primeros días de adaptación y de “aterrizaje” la mujer puede beneficiarse del apoyo de los diversos grupos de crianza y lactancia que funcionan en toda la geografía española. Estos grupos son de gran ayuda para resolver dudas, compartir conocimientos e inquietudes, liberar emociones,….
No existe actualmente una titulación oficial de doula , pero existe en España un red de doulas en continua formación, que se apoya y sostiene, y cuenta con la colaboración de grandes profesionales de la salud comprometidos con el nacimiento: obstetras, matronas, psicólogas, pediatras,… Cada vez más profesionales conocen, y se implican y comprometen, con las bondades de rodear el embarazo y el nacimiento del halo de amor que les corresponde.
“El amor puso al bebé allí dentro, el amor lo sacará”
Lecturas relacionadas:
“La vida secreta del niño antes de nacer”, “El bebé es un mamífero”, “La cientificación del amor” – Dr. Thomas Verny y John Kelly
Anna Carnes, fisioterapeuta-osteópata, doula – Clínica Sannas. C/Velarde, 9. Alcobendas (Madrid) – Tel.: 91 293 09 09 – http://www.sannasalud.com/ (en construcción) – sannas@live.com
Autora: Anna Carnes
“Doula” es un término griego que describe una mujer que sirve a otra mujer. Esta palabra se ha extendido mundialmente para describir a una mujer que acompaña a otra, en el proceso de embarazo, parto-nacimiento y crianza. No se trata de una figura sanitaria sino de un apoyo y un acompañamiento personal a la preparación física y emocional.
Ancestralmente la mujer primitiva que vivía en tribu lo hacía conectada con su cuerpo y su capacidad creadora. Al llegar a la madurez habría convivido con los embarazos, partos y crianzas de las otras mujeres adultas de su comunidad, quienes además la sostendrían y acompañarían en su propia experiencia.
La doula durante el embarazo
Hoy en día la situación es muy distinta: las parejas viven aisladas de otros núcleos familiares y en muchos casos el primer contacto de la mujer con la fuerza creadora femenina es su propio embarazo. Es entonces cuando los miedos, las inseguridades, el estrés y la necesidad de control, hacen a la mujer “abandonarse” en manos de profesionales. Y ya está; se esconden de golpe aquellas sensaciones y la mujer puede seguir con su vida y tener un embarazo sin casi enterarse… hasta más o menos la semana 40 en la que el bebé ha de salir, y se despiertan el miedo al dolor y a lo desconocido. Si todo va bien, en un par de días la mamá se encuentra en casa sin saber qué hacer con un bebé al que no conoce. En el caso del bebé esta situación es vivida aún con más dramatismo, como diversos estudios han demostrado (p.e. Doctor Thomas Verny y John Kelly).
El papel de la doula es el de recuperar aquel sostén entre mujeres, rescatar la sabiduría ancestral que cada una de nosotras tiene, favorecer desde el nido-útero el vínculo mamá-bebé y en su caso papá-bebé, y siempre, siempre acompañar a la futura mamá en su propio proceso. De esta manera el embarazo se vuelve más consciente, en el pleno sentido de esta palabra; el bebé se siente unido a su madre física y emocionalmente; está seguro, protegido y bienvenido. Y esas sensaciones del bebé intrauterino empiezan ya a formar la personalidad del adulto que llegará a ser. Según los estudios del Dr. Verny, experto y conferenciante de la vida intrauterina, queda en evidencia que los estímulos sensoriales y emocionales que percibe el bebé, al menos a partir del sexto mes de gestación, influyen decisivamente en los gustos y la personalidad del futuro niño.
La doula y el parto-nacimiento
Igualmente decisivo es el momento del nacimiento-parto. ¿Cómo va a ser recibido ese bebé? ¿Pasará de su cálido nido-útero a los cálidos brazos y pechos de su madre? ¿Podrá sentir sus latidos, tan familiares para él, sonando emocionados? ¿Serán los ojos de su madre los primeros que vea, su piel la primera que huela, su voz lo primero que oiga? Y si fuera así, ¿qué más podría pedir? Realmente ambos podrían disfrutar del momento más intenso, inmenso y feliz de sus vidas. Este es un buen comienzo para una vida llena de amor.
Dice el gran Michel Odent, cirujano, obstetra e investigador del nacimiento y cuanto le rodea: “Si queremos cambiar el mundo, comencemos por cambiar cómo llegamos a él”. Y es que, parafraseando al Dr. Odent, la forma en que nacemos nos afecta toda la vida. Esos primeros estímulos marcarán en el bebé su forma de relacionarse con el mundo y por tanto, un nacimiento rodeado de amor hará de él mejor persona.
Sin embargo en nuestra sociedad esta situación tan natural está hoy por hoy dificultada por el alto grado de intervencionismo que rodea el embarazo y el parto-nacimiento. Empezando por la anestesia epidural que impide a la mamá el libre movimiento, que hace necesario el uso de oxitocina sintética, que obliga a la mamá a parir tumbada y finalmente favorece la necesidad del uso de fórceps, ventosas y/o cesárea. España ha sido duramente criticada por la Organización Mundial de la Salud por superar con creces los porcentajes de partos instrumentados y cesáreas recomendados por dicha organización. Pero no hemos de culpar de ello al sistema sanitario sin mirar en nosotras mismas. ¿Qué hace el sistema sino responder a la demanda de mujeres que se han “abandonado” en sus manos? Muy distinta es la situación cuando la medicina y los adelantos técnicos están al servicio de una díada mamá-bebé que controla su proceso, y que cuenta con ellos en caso de emergencia. Y para llegar a esta situación, la doula juega su papel de información, asesoramiento, sostén y mucho respeto. Así funciona en otros países de Europa, en las Casas de Parto de Europa y España, y afortunadamente tienden a ello cada vez más equipos sanitarios en distintos centros españoles.
El trabajo con una doula durante el embarazo y el parto ha demostrado tener una larga lista de beneficios, por supuesto emocionales pero también prácticos: el tiempo de trabajo de parto disminuye en un 25%, la necesidad de uso de instrumentos disminuye en un 40%, la cesárea en un 50%, y además se reduce notablemente la incidencia de la llamada depresión posparto.
La doula y la crianza
Facilitar la intimidad de la díada mamá-bebé, el buen inicio de la lactancia materna, la crianza con amor y apego,… y continuar con las palabras clave de la doula: facilitar, acompañar y sostener. En los primeros días después del parto, la gran mayoría de las mujeres tienen inseguridades relacionadas con la lactancia, a las que no en pocas ocasiones se suman las temidas grietas con el consecuente dolor añadido. La doula suple entonces a aquella otra mujer de la tribu que con mucho amor pone su experiencia y recursos a disposición de la mamá, evitando los miedos y despertando en la mujer la seguridad y confianza en su innata capacidad de criar-amar.
Después de esos primeros días de adaptación y de “aterrizaje” la mujer puede beneficiarse del apoyo de los diversos grupos de crianza y lactancia que funcionan en toda la geografía española. Estos grupos son de gran ayuda para resolver dudas, compartir conocimientos e inquietudes, liberar emociones,….
No existe actualmente una titulación oficial de doula , pero existe en España un red de doulas en continua formación, que se apoya y sostiene, y cuenta con la colaboración de grandes profesionales de la salud comprometidos con el nacimiento: obstetras, matronas, psicólogas, pediatras,… Cada vez más profesionales conocen, y se implican y comprometen, con las bondades de rodear el embarazo y el nacimiento del halo de amor que les corresponde.
“El amor puso al bebé allí dentro, el amor lo sacará”
Lecturas relacionadas:
“La vida secreta del niño antes de nacer”, “El bebé es un mamífero”, “La cientificación del amor” – Dr. Thomas Verny y John Kelly
Anna Carnes, fisioterapeuta-osteópata, doula – Clínica Sannas. C/Velarde, 9. Alcobendas (Madrid) – Tel.: 91 293 09 09 – http://www.sannasalud.com/ (en construcción) – sannas@live.com
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